Data Librarian: El superhéroe de los datos que la sociedad digital necesita con urgencia
En la era de Netflix, Amazon y la «Big Data», la experta internacional Lourdes Feria advierte que los bibliotecarios tradicionales deben evolucionar. El nuevo campo de acción ya no son solo los libros, sino gestionar, curar y salvaguardar los enormes volúmenes de datos que produce la sociedad moderna.
Si Pixar Animation Studios no hubiera tenido un bibliotecario de datos, hoy la película Toy Story 2 simplemente no existiría.
La anécdota parece de película, pero ocurrió en la vida real. A mediados de la década del noventa, una falla informática eliminó de los servidores el 85% de los archivos de animación de Toy Story 2. El desastre financiero habría sido total de no ser por una programadora (y futura madre) que, de casualidad, había hecho una copia de respaldo para trabajar desde su casa. A partir de ese susto millonario, corporaciones como Pixar y Disney entendieron que necesitaban un rol específico para clasificar y resguardar su información. Crearon el cargo de Data Librarian (Bibliotecario de Datos).
Este fue uno de los ejemplos más contundentes que brindó Lourdes Feria Basurto, consultora internacional y doctora en bibliotecología, durante su charla magistral en la Biblioteca Central de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO). La experta mexicana visitó Mendoza para presentar su libro 21 claves para la organización de datos de investigación y dejar un mensaje claro: la bibliotecología debe mutar o perderá su razón de ser.
La biblioteca ya no huele a papel
«Nuestro mundo está basado en datos», sentenció Feria al inicio de su exposición. «Desde la ubicación de WhatsApp que compartís, hasta los programas que usás para pedir comida o investigar. Toda esa información alimenta la Big Data, esa nube global de servidores interconectados».
Feria propuso un viaje en el tiempo para entender la evolución del bibliotecario. En la antigua Sumeria, organizaban tabletas de arcilla; en Alejandría, papiros y pergaminos; en el siglo XX, libros, VHS y casetes. «Nuestros abuelitos sumerios fueron los primeros bibliotecarios. El soporte físico cambia, pero nuestra esencia —catalogar, clasificar y abrir el acceso al conocimiento— es siempre la misma».
En el siglo XXI, el acervo de las bibliotecas universitarias y científicas ha vuelto a cambiar. Ya no se guardan solo papers (artículos científicos en PDF), sino los datos crudos de los investigadores: archivos de Excel interminables, software de análisis, entrevistas cualitativas, fotografías y videos de trabajo de campo. Todo este universo conforma los repositorios de datos de investigación.
El «monstruo de los datos» no es informático
Un error común es creer que quien debe organizar la información digital es el ingeniero en sistemas. «Si pensamos en Netflix, Netflix es la biblioteca de películas más grande del mundo. ¿Y quién la organiza? Informáticos que tomaron cursitos de documentación», advirtió Feria, lamentando que los bibliotecarios hayan cedido ese terreno.
El Data Librarian que demandan hoy las grandes universidades (especialmente en Estados Unidos y Europa) y empresas tecnológicas, es un profesional con formación en bibliotecología pero especializado en:
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Orientar en el caos: Ayudar a investigadores a que su tesis final no se llame en su computadora «Tesis_Final_Esta_Si_Es_La_Buena_v4.doc». Les enseñan esquemas de nombrado y versionado de archivos para que no pierdan información vital.
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Laboratorios de Software: Las bibliotecas de vanguardia, como la de la Universidad Javeriana en Colombia, compran cientos de licencias de software científico y es el bibliotecario de datos quien da las capacitaciones semanales para usarlas.
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Minería local: Crear repositorios propios para que la información valiosa de la universidad no se evapore, tal como ocurrió con cientos de webinars y clases magistrales virtuales grabadas durante la pandemia.
¿Miedo al código?
Frente a la consulta del público sobre qué lenguajes de programación debe dominar un Data Librarian del futuro, Lourdes Feria recomendó el lenguaje estadístico «R», pero rápidamente bajó a tierra la expectativa: «Antes que programación, aprendan a dominar Excel. Cuando el software científico es muy caro, toda la comunidad investigadora termina trabajando en planillas de Excel. Poder acompañar ese proceso ya es un salto enorme».
Y respecto a la inteligencia artificial, Feria le tiró el guante a la nueva generación: desafió a los estudiantes presentes a programar un robot alimentado con un esquema de clasificación bibliotecológico para que analice y ordene archivos antiguos o desorganizados. Eso sí, advirtió la experta: «Siempre, toda inteligencia artificial requiere una curaduría humana. No confíen a ciegas».
«No es la especie más fuerte ni la más inteligente la que sobrevive, sino la que mejor se adapta», concluyó la doctora Feria citando a Darwin. El mensaje final resonó fuerte en Cuyo: la sociedad red ya está aquí y la biblioteca debe salir de su zona de confort para organizar el mundo del futuro.