La pedagogía de la pregunta: El antídoto educativo frente a la inmediatez y la Inteligencia Artificial

Mónica Coronado presentó su nuevo libro en la Biblioteca Central de la UNCUYO. La obra propone abandonar las «recetas fáciles» en educación para volver a lo esencial: enseñar a los estudiantes a preguntar antes de saltar a las respuestas.

 

«La escuela está diseñada para dar respuestas a preguntas que nadie nos plantea». Con esta cruda pero certera reflexión, la psicopedagoga y docente universitaria Mónica Coronado definió el gran déficit de las aulas actuales, desde el nivel inicial hasta el superior.

En un contexto de incertidumbre donde los docentes se sienten desorientados ante el desinterés de los estudiantes y el avance abrumador de la Inteligencia Artificial, Coronado propone una pausa activa. Su último libro, «Aprendizaje basado en preguntas, problemas y proyectos» (Editorial Noveduc), fue presentado en el espacio Seba Tousa de la Biblioteca Central Arturo Roig de la UNCUYO, en un encuentro organizado junto a la Editorial EDIUNC.

El panel de presentación estuvo a cargo de Julio Aguirre, Secretario Académico de la UNCUYO, y la experta Jimena Erice (vía streaming desde Córdoba), quienes destacaron la lucidez de la autora para desarticular el facilismo de las metodologías que hoy están de moda.

El mito del ABP y el «ganso cebado»

Actualmente, el Aprendizaje Basado en Proyectos (el famoso «ABP») se ha vendido como la gran receta salvadora de la docencia para activar la motivación de los alumnos. Sin embargo, Coronado advierte que si un proyecto no está cimentado en la curiosidad y en problemas reales construidos por el estudiante, carece de impacto.

Durante su intervención, la autora trajo a colación una metáfora brutal del Premio Nobel Albert Camus para diferenciar a un docente mediocres de uno magistral: el mal docente enseña metiendo comida a la fuerza, como quien embucha a un ganso; el buen maestro, en cambio, considera a sus alumnos «dignos de descubrir el mundo».

«Einstein decía: ‘No entiendo cómo puede sobrevivir la curiosidad en el sistema educativo, porque la perforan’. Si la escuela o la universidad no pueden despertar el hambre de preguntas, todo el proceso de aprendizaje está muerto», enfatizó Coronado.

La autora sostiene que es un error pasar al «hacer» (el proyecto) sin antes haber transitado la transición obligatoria: las preguntas y el problema. Coronado relató el ejemplo de una maestra que usó un simple sacapuntas amarillo o un papel de caramelo en el piso para detonar cientos de preguntas en sus alumnos de primaria. «Los chicos terminan con la cabeza como una pochoclera, explotando de preguntas. Eso es lo que tenemos que lograr».

Tres eslabones para una educación significativa

Julio Aguirre fue enfático al describir el aporte del libro: «Mónica te demuestra la ‘pauta que conecta’ entre aprendizaje y enseñanza por la vía de tres ABP distintos pero articulados: preguntas, problemas y proyectos».

Aguirre explicó cómo funciona esta secuencia vital en el aula:

  1. Preguntas: Es el punto de partida que despierta la curiosidad.

  2. Problemas: La curiosidad se convierte en interpelación; el estudiante hace suyo el desafío.

  3. Proyectos: Esa interpelación se lleva a la práctica en una acción concreta.

«Solamente uniendo curiosidad, desafío y acción desarrollamos la motivación. Ahí es donde la necesidad de enseñar del docente se encuentra con la necesidad de aprender del estudiante», resumió el Secretario Académico.

El manual para hablar con las máquinas

Uno de los momentos más lúcidos de la presentación se dio al cruzar esta pedagogía con la gran inquietud contemporánea: el avance de herramientas como ChatGPT.

Lejos de ver a la Inteligencia Artificial como un enemigo, el público y los presentadores coincidieron en que el libro de Coronado es, indirectamente, el mejor manual para interactuar con estas tecnologías. «Este es el camino para dialogar con la Inteligencia Artificial», reflexionó una de las asistentes. «Si no desarrollamos una pedagogía de la pregunta, ¿qué le vamos a preguntar a esa inteligencia que nos responde de todo?».

Jimena Erice, desde la virtualidad, apoyó esta idea: «A la IA hay que hacerle preguntas. Y el pensamiento crítico o la posibilidad de hipotetizar no se logran si no tenés una buena pregunta».

Mónica Coronado cerró el encuentro apelando al «elogio de la lentitud». En una cultura del impulso, de la acción irreflexiva y del salto directo a las conclusiones, su obra es una invitación a hacer una pausa. A demorarnos en los detalles. Porque solo una mente entrenada para preguntarse por el mundo será capaz de afrontar los desafíos que la tecnología y el futuro ya nos están planteando.