De relaciones tóxicas a un vínculo amoroso: La ciencia advierte que los animales son nuestros centinelas de salud
Investigadores del CONICET presentaron en la Biblioteca Central de la UNCUYO un libro que analiza cómo el ambiente y la salud animal impactan directamente en la salud humana. Contaminación por agroquímicos, plomo, minería y las nuevas alertas como las antenas 5G y los microplásticos formaron parte del debate.
¿Qué tienen en común un perro urbano, una vaca en un corral de engorde o un ave que nidifica en el desierto mendocino? Todos ellos operan como un «espejo» biológico de los ambientes que habitamos los humanos. Cuando la contaminación enferma a los animales, es solo cuestión de tiempo para que esa toxicidad alcance a las personas.
Esta fue la premisa central que expusieron los investigadores del CONICET y del Laboratorio de Genética, Ambiente y Reproducción (GenAR) de la Universidad Juan Agustín Maza, durante la presentación de su libro «De relaciones tóxicas a un vínculo amoroso: el ambiente, los animales y nosotros». El encuentro se llevó a cabo en la Biblioteca Central Arturo Roig de la Universidad Nacional de Cuyo, bajo la moderación de la Editorial EDIUNC, y se enmarcó dentro del ciclo «Desafío Lector».
El panel de autores, conformado por Martina Caliri, Nora Gorla, Daniela Ferré y Martín Quero, explicó cómo su trabajo, basado en décadas de estudios en toxicología genética, busca transformar una relación históricamente «tóxica» (donde usamos a la naturaleza sin medir consecuencias) a un «vínculo amoroso» en el que somos responsables tanto de nuestra salud como de la de los ecosistemas.
Una sola salud
La piedra angular del libro es el concepto de «Una Salud» (One Health). «La salud humana es tan importante como la de los animales. Si una de las tres partes —humanos, animales o ambiente— da una señal de advertencia, es necesario que miremos a las otras dos», explicó la Dra. Nora Gorla.
El libro recoge ejemplos históricos y recientes impactantes. Por ejemplo, los perros militares que trabajaban en la Guerra de Vietnam desarrollaron tumores glandulares, exactamente el mismo tipo de cáncer que tiempo después se diagnosticó en los soldados que los acompañaban. Lo mismo ha ocurrido en familias expuestas al asbesto, donde tanto los humanos como las mascotas caninas del mismo hogar terminaron desarrollando patologías pulmonares crónicas similares.
Aves y bovinos: Los primeros en avisar
Lejos de estar encerrados en laboratorios, los autores explicaron por qué es crucial estudiar a los animales en sus entornos naturales y de producción.
El investigador Martín Quero dedicó su segmento a las aves, destacando su extrema sensibilidad. Por su sistema ovíparo (el huevo es un sistema de gestación aislado) y su carencia de enzimas hepáticas para desintoxicarse, las aves suelen mostrar mucho antes los efectos de contaminantes crónicos. Quero recordó que fueron las aves las primeras en acusar las intoxicaciones por plomo (derivado de campos de batalla post Segunda Guerra Mundial) y por pesticidas organoclorados como el DDT. Hoy, señaló, ya existen estudios donde las aves evidencian cambios conductuales y de migración por su exposición a antenas 5G, un efecto del que en humanos aún se conoce muy poco.
Por su parte, Daniela Ferré abordó el caso de los bovinos, los principales representantes de la dieta de la población. Ferré explicó cómo la exposición prolongada (crónica) a pequeñas concentraciones de plaguicidas, dioxinas o humo puede hacer que los compuestos químicos se acumulen en el tejido graso de las vacas. «Ese animal termina siendo el eslabón anterior a que llegue a nuestros almuerzos y cenas», advirtió, y propuso usar a estos bovinos como «indicadores biológicos vivos» previos a la faena.
Perros: el modelo más cercano a los humanos
La veterinaria Martina Caliri centró su atención en los animales de compañía. Destacó que, al convivir en nuestras mismas casas, compartir nuestra calidad del aire y agua, y además tener una altísima similitud fisiológica y genética con nosotros, el perro urbano se consolida como el gran centinela de salud pública, superando a ratas y ratones de laboratorio.
Los perros desarrollan enfermedades de forma espontánea que comparten múltiples factores de riesgo ambiental con los humanos, como la diabetes, la osteoartritis y, fundamentalmente, diversos tipos de cáncer (linfomas, mesoteliomas, sarcomas). Estudiar cómo les afectan permite generar medicina preventiva y translacional para las personas.
¿Hacia un vínculo amoroso?
Consultados sobre si actualmente la sociedad avanza hacia un escenario de sanación ambiental o de mayor toxicidad, los autores coincidieron en que el vínculo es dinámico. Las leyes y controles hoy son más estrictos sobre sustancias que, por experiencia del pasado (como el plomo), sabemos que son nocivas. Sin embargo, Quero advirtió que la humanidad no se detiene y continuamente desarrolla nuevos componentes de los cuales aún ignoramos sus efectos crónicos, como los microplásticos o los desperdicios electrónicos.
En definitiva, la conclusión de los especialistas fue un llamado de atención urgente, dirigido especialmente a los tomadores de decisiones políticas y sanitarias: cuidar a los animales, respetar sus espacios naturales y asegurar la inocuidad de lo que consumen, es el paso previo e indispensable para garantizar la propia supervivencia humana.